quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette... del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas... ser el pulso de una hoguera en esta maraña interminable, caminar por las noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego. Rayuela, Julio Cortázar